Mi Biografia (spanisch)

Mi nombre es Pedro Meya Marty (Pierre) nací en Barcelona (España) el 19 de octubre de 1912, en una casa muy cerca de la iglesia de Sta. Maria del Mar. Soy el mas joven de tres hijos: José (llamado Pepito) y Dolores (Lola), nacidos del matrimonio formado por Ventura Meya y Buenaventura Marty. Mis padres, originarios de Osseja y Saillagousse en los französischen Pirineos franceses eran labradores, y vinieren a Barcelona a principios de 1900. Se instalaron en un piso de 10 habitaciones frente al antiguo edificio de la Bolsa de Barcelona. Como franceses, nuestros padres nos enviaron al colegio llamado “Ecole française de Barcelona”, que estaba bajo el control de la Unversidad de Toulouse. Mi padre fue lo que hoy se llamaría un chofer de un solo cliente. Llevaba los “coches de caballos” de la Familia Amatller, unos de los mas grandes fabricantes de chocolate de la época.

Cuando yo tenía 9 años murio mi padre de tuberculosis, que era la enfermedad que en aquellos años se llevaba por delante a media Europa. A mi madre no le quedó mas remedio que buscar soluciones. En aquella casa de 10 habitaciones había mucho sitio, y así la transformó en una pensión sólo para hombres. En aquellos años, al igual que hoy, las ciudades ofrecían gran atractivo para la mano de obra, y los hombres, no solo necesitaban un techo, sino tambien alguien que cocinara y les lavara la ropa.

Recuerdo haber tenido una infancia feliz. Yo era el mas pequeño y el mas mimado por mi madre, el destino quiso que me pareciese fisicamente a mi padre como dos gotas de agua. A los 16 años me harte del colegio y decidi ponerme a trabajar, con gran disgusto de la familia. Los primeros coches y camiones empezaban a circular por la ciudad y a mi la mecánica, y el ruido de los motores me apasionaban. Así empezé como aprendiz de mecánico.

Barcelona siempre fue una ciudad de fiestas y tradiciones durante todo el verano. Desde junio, con las Fiestas de San Juan sus hogueras y sus fuegos de artificio, hasta la Fiesta de la Virgen de la Merced el 29 de septiembre. Todas las semanas, uno despues de otro, los barrios cerraban sus calles al trafico, los vecinos sacaban las mesas y las sillas, se alquilaban los servicios de una orquesta, y todo el mundo bailaba. La vida era una fiesta. En aquel tiempo no había vacaciones ni turistas y los medios de transporte eran lentisimos y carisimos, y muy pocos se lo podían permitir. Barcelona, uno de los grandes puertos del Mediterraneo, ofrecía sus playas y sus fiestas a sus habitantes, que mas podíamos desear los jovenes. A mi me faltaban justo dos semanas para cumplir los 19 años, cuando con los amigos decidimos ir al baile de la Virgen de la Merced. La entrada era gratis.

Allí estaba ella, sentada junto a una de sus hermanas, llevaba una blusa blanca y una falda de vuelo llena de flores de colores. Tenía unos ojos verdes immensos, y su pelo ondulado de color caramelo le caía sobre los hombros. Me la quedé mirando con la boca abierta. Ella me vió. Me sonrió. Echándole valor le pregunte si quería bailar. Me dijo que si, y yo me sentí flotar en el aire. Al llegar a la media parte, la orquesta hacía una pausa y los caballeros aprovechaban para comprar un regalo a sus parejas (esto se llamaba “el ramo”), solían ser flores, una figurita, o un dulce. Con gran horror comprobé que yo no tenía ni un centimo. No podía comprar nada. Le dije que me esperara y desaparecí. Cuando la orquesta empezó a tocar de nuevo yo busqué otra pareja. Pero ella me vió.

Llegó el día de mi cumpleaños y mi madre me dió algo de dinero. Compré unas flores y me planté delante de la puerta del trabajo de Elisa. En aquel entonces, ella trabajaba como dependienta en una tintoreria. Al verme me volvió la espalda, como si yo no existiera. Me coloqué a su lado. Le planté las flores delante de la cara, y antes de que pudiera reaccionar empezé a decirle que era mecánico, hijo de viuda, y no tenía un duro. Por este motivo no había podido regalarle “el ramo”, pero aquel día era mi cumpleaños, nada menos que 19 (ella tenía 17), y con el dinero de mi regalo le había comprado las flores. ¿Podía perdonarme? Elisa sonrió. Y así empezo una relación que duraría hasta 1986.

Ford Modelo T 1926

Yo era mecánico, ella dependienta. No tardamos nada en presentarnos a nuestras respectivas familias. La vida era estupenda.

Y de repente cumplí 21 años, y el ejercito francés me llamó a filas. Tuve que irme a Montpellier como “bleu” así llamabán a los soldados franceses a causa del color de su uniforme. Me tocó artillería, y un cañon grandisimo, y como el calcular se me daba muy bien me nombraron “Maître Pointeur”, es decir me facilitaban unas cifras y yo debía calcular la distancia, ordenar el disparo, y sobre todo acertar en la diana. Así fue como durante unas maniobras en presencia de todo el Estado Mayor me dieron una falsa información, y casí los matamos a todos, menos mal que todo quedó en un gran susto y una montaña de polvo, sin olvidar la semana que nos tocó pasar en el calabozo. Al terminar mi servicio militar, me dieron un certificado de buena conducta, y regresé a Barcelona.

Certificat de bonne conduite

Durante aquel año en España habían pasado muchas cosas. Había habido unas elecciones generales, y las habían ganado las izquierdas, en un momento en que en Europa todas las masas obreras soñaban ser comunistas como en Rusia. El Rey Alfonso XII había salido exiliado hacia Roma, donde moriría unos años mas tarde. En España todo eran huelgas y demostraciones, se quemaban las iglesias, los conventos, las escuelas, las fabricas, etc. Los hombres del POUM, extremistas comunistas se llevaban a los patrones y les daban “el paseo”, es decir los fusilaban. Cataluña, con su capital Barcelona al frente, quería separarse de España y ser independiente. El caos era total y no había trabajo. Lentamente la derecha se reagrupó y apareció la Falange, mala imitación del régimen de Hitler en Alemania y del fazismo de Musolini en Italia. Los militares, divididos en dos bandos de derecha e izquierda, se insultaban, se llamban traidores, etc. Y así fue como un grupo desde Marruecos (entonces colonia española) decide invadir la peninsula, derrocar al gobierno de la republica, volver a llamar al Rey, y poner “orden en el caos”, y sobre todo acabar con la dictadura comunista. El 18 de julio de 1936 Francisco Franco es nombrado general de todo el ejercito, y empieza la guerra civil española que duraría hasta la caída de Madrid el 1 de abril de 1939.

Spanish Civil War

Barcelona, se encontró situada en la zona republicana, y los aviones alemanes de la Legión Condor, y el barco Almirante Canaris, desde el mar, bombardeaban todos los días y noches la ciudad. Era un infierno. El miedo, el horror de la guerra, el hambre, la inseguridad de saber si mañana estaríamos vivos o no, nos hizo pensar en casarnos, a pesar de no tener practicamente nada mas que lo poco que habíamos ahorrado durante los largos añós de noviazgo.

En la boda

Así, el 29 de septiembre de 1938, delante primero de un juez de paz, y luego ante el Consul de la republica de Francia nos casamos. Yo seguía siendo francés, y por ello no había ido al frente. La primera ley que proclamó el gobierno de Franco fue: España para los españoles, solo tienen derecho al trabajo nuestros compatriotas, y yo era extranjero. Fue entonces cuando mi hermana Lola tuvo una idea genial. Nosotros tres habíamos nacido en Barcelona, crecido allí, y sobre todo habíamos sido bautizados y habíamos la primera comunión, cosa importantisima en el nuevo régimen que mandaba y donde la iglesia católica tenía un poder immenso. Y así obtuvimos la nacionalidad española que nos abría posibilidades. No hay que olvidar que aquel mismo año Alemania e Italia declararon la guerra a Francia e Inglaterra, por consiguiente todos los subditos franceses e ingleses lo iban a pasar muy mal.

Mi madre insistió en que nos casáramos por la iglesia, lo hicimos en Sta. Maria del Mar. La guerra había terminado y comenzaba una vida nueva ¿pero cual?
En la playa.

En casa de Elisa eran cinco hermanas y un hermano, y a todos los entró la prisa por casarse, nadie sabía lo que podía ocurrir mañana. El futuro marido de la mas joven era hijo de un ex-embajador de España en Cuba, y era el único de toda la familia que tenía algo de capital. Así fue como mi suegro tuvo una idea genial: Guillermo quería casarse con Josefina que sólo tenía 18 años, sólo obtendría el permiso paterno si se comprometía a ayudar a los demas. Y así fue como decidimos montar una agencia de transportes entre Logroño, capital de la Rioja, y Barcelona. A Logroño nos fuimos a vivir Elisa y yo. Allí nacieron nuestros hijos Alicia y Pedro José. La Rioja había sido muy poco dañada por la guerra. Compramos un camión a medias y empezamos a trabajar. Fueron los cuatro mejores años de nuestra vida.

Pero todo lo bueno tiene un final. Guillermo, en lugar de pagar facturas, se había gastado todo el dinero de la empresa. Suspensión de pagos. Tuvimos suerte de que no nos metieran en la carcel, y volvimos a Barcelona tan pobres como nos habíamos ido y en camino nuestra tercera hija Virginia. Todo el mundo se portó senciacionalmente. Mi madre se llevó a vivir con ella a Alicia, era una boca menos. Yo trabajé de todo lo que encontraba, fui pintor, albañil, coloqué persianas y suelos, todo para poder comer algo además de lo que teníamos con los cupones de racionamiento, y así fuimos saliendo adelante.

Un buen día cambió la suerte. En Logroño había conocido a los hermanos Ochoa que acababan de comprar unos viejos camiones del ejercito y querían empezar su propria empresa de transportes. Me preguntarón si querría irme a Santander.
Posing on the beach

Corría 1945, Santander había ardido como la Roma de Neron, y el gobierno pensaba en reconstruir, activar el puerto del mar cantábrico, y hacer volver de nuevo a sus preciosas playas el turismo, como en los años 30, cuando toda la cornisa de Cantabria, con San Sebastían, Santander, Biarritz y Hendaya habían estado tan de moda.

Santander fue para nosotros un descubrimiento, no podíamos vivir ni mucho menos como la habíamos hecho en Logroño, el sueldo era pequeño y la familia había crecido. Los dos mayores iban al colegio, y entonces sólo había colegios privados y caros. A finales de 1946, los Ochoa decidiéron abrir una sucursal en Madrid, y me preguntaron si tendría interes en dirigirla. Contesté que si. Dejé a Elisa y a los chicos preparando las cosas para el traslado y me fui a Madrid.

La familia llegó a Madrid el 8 de enero de 1947. Encontrar un piso resultó una obra de Titanes, pero al fin encontramos un ático con dos dormitorios, un comedor, baño, cocina y sobre todo una terraza. Allí nos quedaríamos los proximos 40 años de nuestra vida. Al principio todo parecía estar bien, pero lentamente las relaciones con los hermanos Ochoa se deterioraban. Empezé a buscar a mi alrededor por si encontraba algo que nos permitiera vivir y quedarnos en Madrid. Los chicos iban al Lycée français de Madrid como yo había ido en Barcelona. Elisa se adaptaba a la nueva situación y nuestra vida era igual a la de cualquier mortal.

En 1949 alguien me prensentó a Manuel Ortiz Villalobos, era un cordobes de Peñarroya (hablaba un andaluz tan cerrado, que le llamaban el ingles, porque nadie entendía lo que hablaba en castellano). Este señor, había comprado la exclusiva para transportar por carretera mercancias desde Madrid a los pueblos de Extremadura y Cordoba, pero no tenía ni idea de como hacerlo. Decidimos asociarnos. Su empresa se llamaba Transportes Jul-Man, por el nombre de sus dos hijos Julia y Manolo. A mi no me pareció mal, y no cambiamos nada. Al principio trabajamos con camiones de alquiler, sobre todo de los Hermanos Serrano, que estarían con nosotros hasta el final. Desde Madrid llevabamos máquinas, muebles, etc., desde los pueblos traíamos sobre todo comida, vino, garbanzos, arroz, aceite, jámones, y sobre todo gallinas, pavos y patos, todos vivos. Cuando llegaba la temporada del esquilo de los corderos merinos, transportábamos camiones enteros de lana, muy apreciada por los fabricantes de tejidos de Cataluña, por entonces aun no se había “descubierto” el petroleo y nadie había oido hablar de las fibras textiles, todo era algodón, lana o lino.

Los años pasaron, los chicos crecieron. Los negocios iban bien. Elisa y yo nos fuimos haciendo lento pero seguro viejos. Habíamos comprado primero el piso ático, luego el del vecino para hacerlo mas grande, un coche Fiat 1400 que se transformó en un Seat familiar, para las chicas un Seat 600 (ellas fueron de las primeras en conducir por Madrid, y los taxistas las mandaban, gritando desde sus ventanillas, a fregar, en lugar de hacer la competencia a los hombres al volante). A Pedro José, mi hijo, compramos un Renault 8 de color amarillo chillon con dos rayas azules.

En 1971 se casó Alicia, y se fue a vivir con su marido suizo al Appenzellerland, despues de que supimos que aquel nombre ademas de ser un estupendo queso era un canton de Suiza.

En 1975 murió Franco, desde hacía varios años los españoles habían salido a Europa, los turistas venian a España, contaban cosas nuevas, traian ideas nuevas, y todos los españoles soñaban con las palabras democracia y libertad, etc. A la muerte de Franco comenzaron la huelgas, las demostraciones, de nuevo el caos. Parecía que volviamos a vivir la pesadilla de los años 30 que ya creiamos olvidada.

Los empleados del transporte también se pusieron en huelga. A la Jul-Man le llegó el turno. Teníamos empleados que habían estado desde el primer momento con nosotros. Nadie tenía dinero de reserva en previsión de huelgas, aquello era nuevo, y nuestros viejos empleados se negaron se secundarlas. Llegaron los piquetes, primero pincharon y rompieron todas las ruedas de los seis camiones. Con un gran esfuerzo y gastando nuestros ultimos recursos las reemplazamos. Al ver que los camiones se ponían en marcha, los piquetes los quemaron con la mercanzía dentro. Nadie estaba asegurado contra una huelga de aquella magnitud. Estábamos aruinados. Tuvimos que cerrar la puerta, y fue entonces cuando el comité de empresa decidió atacarnos en justicia para que les pagaramos los sueldos. Nos habían aruinado, no teníamos nada, y encima pensaban que hibamos a sacar el dinero del aire para pagar los sueldos. Tuvimos suerte y el juez decretó que no había lugar a pagar nada puesto que ellos mismos habían destruido la empresa.

Yo tenía 63 años, Elisa 61, los chicos mayores estaban casados y ya teníamos nietos. Decidimos vivir con lo que nos quedaba y hacer lo mejor que sabíamos. Dedicarnos a nuestra pequeña familia.

Pedro Meya Marty

  • Text Goes Here

    • This is an area on your website where you can add text using widgets. Each of these text areas can say something different, and is very easy to change.
  • Text Goes Here

    • This is an area on your website where you can add text using widgets. Each of these text areas can say something different, and is very easy to change.

Services

Services

Pedro Meya Marty bietet Services rund um Virtuelle Welten, sei es Beratung, Konzeption bis zur Umsetzung & Betreuung. In Second Life sind wir Teil der Schweizer Community und bieten z.b. Landhosting an.
Mehr über unsere Services

Wissen

Wissen

Auf unserem Blog mit über 250 Artikeln haben wir den Markt, die Entwicklungen und die Trends rund um die Virtuelle Welten beschrieben. Wir bieten Vorträge, Schulungen, Workshops und sind Experten für Medien.
Mehr über Wissen